Fundado: 24-04-1904 Lima, 03-11-2013 / Año 109 - Nº 5691 - 4000 ejemplares

"¡A MÍ, NADIE ME PISA EL PONCHO"!
Expresión muy frecuente para indicar una actitud de superioridad, de valentía, de "no tenerle miedo a nadie", del que está dispuesto a aceptar cualquier desafío.
Me contaban que en épocas pasadas, especialmente por los pueblos del interior, tiempos de un marcado "machismo", el "macho" se paseaba por la callecita principal arrastrando su poncho con poses de "matón", desafiando a que le pisaran el poncho. Quien lo hacía, era otro "machote" dispuesto a destronarlo... y se armaba una "bronca" de padre y señor mío. Es decir, era la época de las cavernas, la era de la ley de la selva, la era del más fuerte, etc.
Hoy, las cosas han cambiado, pero solo de etiqueta, pues el "producto" sigue siendo el mismo: Nos bastamos a nosotros mismos, no necesitamos de nadie, no mendigamos consuelos, no añoramos comprensiones, etc. Son las actitudes de los que manejan el poder. Empezando por los malos "rnicrobuseros" con su consabido vocabulario, desde el "jefecito" siguiendo con el Gerente, con el Propietario, con los que tienen un cargo político, hasta quien tiene la Autoridad... Las excepciones abundan; lamentablemente, la corriente del autoritarismo, enriquecida con la creciente "corrupción", deja, a leguas de distancia, a los primitivos Caciques. En este contexto, nadie quiere pasar por débil, por "afligido y agobiado", pues "lo puede y se lo sabe todo..."
En el Evangelio de hoy, Jesús nos hace pisar tierra: No somos "supermanes", no lo podemos todo, no todos somos autosuficientes. Por el contrario, nos necesitamos los unos de los otros para sobrevivir en esta tierra, preparando el Reino futuro de Dios. Que su mandamiento del amor: "Llegar hasta dar la vida por el otro", es posible. Sólo tenemos que escucharle y actuar lo que Él nos dice: "Aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón. Así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".

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