Fundado: 24-04-1904 Lima, 09-03-2014 / Año 110 - Nº 5709 - 4000 ejemplares

"ME PERSIGUE LA TENTACIÓN"
Es la bachata de Cecy Narváez. En realidad el título es "Me persigue la maldita tentación". Esto me da pie para reflexionar sobre este argumento. La palabra "Tentación" , etimológicamente viene el verbo latino: "Tentare", "Temptare" = tocar, palpar; excitar, instigar; examinar, tratar de saber, tratar, atacar. La podríamos definir como "el deseo de realizar una acción inmediatamente agradable pero probablemente dañina a largo plazo, por multitud de razones: legal, social, psicológica" (incluyéndose la culpa), etc. También designa al acto de coaccionar o inducir a una persona a la realización de un acto, por manipulación o por influencia, de curiosidad, deseo o miedo de pérdida. En el ámbito de las religiones, se refiere a la inclinación al pecado. Es la provocación o incitación por parte de Satanás a acceder, obedecer o no obedecer, aceptar o no aceptar; hacer o dejar de hacer y decir o dejar de decir. La tentación, de por sí, no es pecado, pues es anterior a él. El pecado es el consentimiento de la tentación (Libertad). Es por ello que uno NO se debe exponer a la tentación. Aunque nadie es tentado por encima de sus fuerzas, así nos dice San Pablo: "Dios que es fiel no permitirá que sean tentados por encima de sus fuerzas, antes bien, les dará al mismo tiempo que la tentación, los medios para resistir" (1Cor 10,13). Además, el poder del Demonio a través de la tentación es limitado. Pero el Señor nos previene, diciéndonos: Vigilen y oren para no caer en la tentación" (Mt 26,41). Y San Pedro nos advierte: "Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar (Pe 5,8). También San Pablo nos aconseja: "Revestíos de los armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo" (Ef 6,11-18), y, "Vivan orando y suplicando. Oren todo el tiempo" (Ef 6,18).
Según San Juan estamos expuestos a una triple tentación capital (que hace cabeza a toda las demás tentaciones): "Concupiscencia: de la carne (Lujuria); de los ojos (Avaricia) y la soberbia de la vida (Orgullo)" (1Jn 2,16). Y esa tentación fue la de nuestros primeros padres (y de todo el Antiguo Testamento), la de Jesús (Nuevo Testamento) y la de nosotros (Tiempo de la Iglesia).
Cristo lo declaró: "Ésta es la hora del poder de los tinieblas" (Lc 22,53); y estará vigente hasta el fin del mundo, así nos lo enseña en el Padre nuestro: "No nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal" (Mt 6,13). Pero Cristo venció al mundo y nosotros, en y con Él, VENCEREMOS (1Jn 5,4-5).

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