Lima, 28-09-2008 / Año 104 - Nº 5424

DOMINGO XXVI - TIEMPO ORDINARIO
Una vez más, Cristo nos llama para que aceptemos su amor misericordioso, cambiemos nuestras vidas y hagamos la voluntad del Padre. Llama a cada uno de nosotros y nos da la gracia para responder, pero somos libres para aceptar o rechazar su invitación. Lo importante es hacer la voluntad de Dios. Siempre tenemos el ejemplo de Cristo y su gracia.
1ª LECTURA: Ezequiel 18, 25-28
CUANDO EL MALVADO SE CONVIERTE SALVA SU VIDA
En la primera lectura de hoy, el profeta Ezequiel nos dice que cada persona es responsable de sus pecados. Somos libres para desviarnos de la maldad a la rectitud o de hacer el bien y evitar el mal.
SALMO: 24, 4bc-5. 6-7. 8-9
Respondemos: "Recuerda, señor, que tu misericordia es eterna"
2ª LECTURA: Filipenses 2, 1-11
TENGAN ENTRE USTEDES LOS SENTIMIENTOS PROPIOS DE CRISTO
En la carta de San Pablo a los filipenses tenemos una de las más bonitas expresiones de lo que significa ser cristianos. Nuestras relaciones personales deben estar impregnadas de unidad, amor, humildad y consideración.
EVANGELIO: Mateo 21, 28-32
RECAPACITO Y FUE A LA VIÑA
El Evangelio nos presenta la parábola de los dos hijos que acuden al llamado de su padre, pero responden de distinta manera. Nuestras acciones hablan a Dios más que nuestras palabras.



UN ENCUENTRO CON SARTRE (Existencialista)
Un joven de ojos drogados pero de mente lúcida, una tarde, toca la puerta de Sartre.
- ¿Quién eres? A esta hora. ¿Qué quieres? Y el joven entra prepotente.
- Se ve que usted la pasa bien. No le falta dinero y honores e ilusiones.
- Joven ha equivocado la puerta.
- No Señor. He dado en el clavo. Sé que usted no tiene piedad por el hombre. Usted nunca construyó nada. Usted ha sembrado solamente palabras que eran droga. Yo soy un joven de la generación que usted ha formado; lúcido de mente pero drogado, porque sus palabras me dicen que la vida no tiene nada que darme. Y usted acabó con todo. Pero yo, al menos, tengo piedad del hombre.
- Es ya una ventaja que tenga usted piedad de usted mismo.
- ¿Qué ventaja? La de los idiotas. ¡Si yo tuviera un poco de fe! Pero mi fe está muerta.
- Jóven... Dios está muerto...
- No Señor, usted está muerto. Al menos págueme un café. Y cerró la puerta, y se perdió en la noche...
EL GRAN CONFESOR DE LOS JOVENES
Don Bosco, confesor diligente e infatigable, fue también ejemplar penitente, valiéndose ante todo para sí de este medio de santificación. Cada semana, en día fijo iba a su confesor, S. José Cafasso, en la iglesia de San Francisco de Asís, a confiarle el estado de su conciencia. Ya sea en la preparación como en el acto mismo de la confesión, que hacía en el confesionario, admiraban todos, su comportamiento, en el cual se manifestaba su fe y su humildad.

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