Lima, 10-05-2009 / Año 105 - Nº 5456

María en el Magisterio de la Iglesia
MARIA, MADRE DEL REDENTOR, PEREGRINA CON LA HUMANIDAD
51. Al final de la cotidiana liturgia de las Horas se eleva, entre otras, esta invocación de la Iglesia a María: «Salve, Madre soberana del Redentor, puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar; socorre al pueblo que sucumbe y lucha por levantarse, tú que para asombro de la naturaleza has dado el ser humano a tu Creador».
52. En las palabras de esta antífona litúrgica se expresa también la verdad del «gran cambio», que se ha verificado en el hombre mediante el misterio de la Encarnación. Es un cambio incesante y continuo entre el caer y el levantarse, entre el hombre del pecado y el hombre de la gracia y de la justicia. La liturgia se coloca en el centro neurálgico de este cambio, y toca su incesante «hoy y ahora», mientras exclama: «Socorre al pueblo que sucumbe y lucha por levantarse».
Esta es la invocación dirigida a María, «santa Madre del Redentor», es la invocación dirigida a Cristo, que por medio de María ha entrado en la historia de la humanidad. Año tras año, la antífona se eleva a María, evocando el momento en el que se ha realizado este esencial cambio histórico, que perdura irreversiblemente: el cambio entre el «caer» y el «levantarse».
La humanidad ha hecho admirables descubrimientos y ha alcanzado resultados prodigiosos en el campo de la ciencia y de la técnica, ha llevado a cabo grandes obras en la vía del progreso y de la civilización, y en épocas recientes se diría que ha conseguido acelerar el curso de la historia. Pero el cambio fundamental, cambio que se puede definir «original», acompaña siempre el camino del hombre y, a través de los diversos acontecimientos históricos, acompaña a todos y a cada uno. Es el cambio entre el «caer» y el «levantarse», entre la muerte y la vida. Es también un constante desafío a las conciencias humanas, un desafío a toda la conciencia histórica del hombre: el desafío a seguir la vía del «no caer» en los modos siempre antiguos y siempre nuevos, y del «levantarse», si ha caído.
La Iglesia, por su parte, con toda la comunidad de los creyentes y en unión con todo hombre de buena voluntad, recoge el gran desafío contenido en las palabras de la antífona sobre el «pueblo que sucumbe y lucha por levantarse» y se dirige conjuntamente al Redentor y a su Madre con la invocación «Socorre». En efecto, la Iglesia ve a la Bienaventurada Madre de Dios en el misterio salvífico de Cristo y en su propio misterio; la ve profundamente arraigada en la historia de la humanidad, en la eterna vocación del hombre según el designio providencial que Dios ha predispuesto eternamente para él; la ve maternalmente presente y partícipe en los múltiples y complejos problemas que acompañan hoy la vida de los individuos, de las familias y de las naciones; la ve socorriendo al pueblo cristiano en la lucha incesante entre el bien y el mal, para que «no caiga» o, si cae, «se levante».
Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris Mater, sobre la Bienaventurada Virgen Moría en la Vida de la Iglesia peregrina, 1987
UN POCO DE HISTORIA
Siempre, para todo salesiano, "la Madre ha sido María Auxiliadora". Cuando llegaron los primeros salesianos y se establecieron al inicio en el Rímac, en el local que usaron por un convenio con la Beneficencia de Lima; allí habilitaron un salón para poner la imagen de María Auxiliadora y luego "los alumnos carpinteros de la nueva Escuela le trabajan un sencillo altarcito"
El ejemplo de nuestro cariño hacia esta Madre, también invade el corazón de nuestros alumnos y ex-alumnos. Ellos dicen que quedan «marcados» con el cariño que sienten siempre hacia la que tendrán toda su vida como su Madre. Y no se olvidan de invocarla siempre con las tres Avemarías antes de irse a dormir, como un seguro para descansar con la conciencia tranquila."Cuando en 1913 fallecía el ex-presidente D. Nicolás de Piérola, los salesianos recordaron la visita que hizo todavía en el Rímac en 1895, en la que pasando por el salón habilitado como capilla de la Virgen María, dijo: "Y es aquí donde se forman los hombres".

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